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epsxe

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Everything posted by epsxe

  1. Event finished. French Battleship Hime is the most salty enemy I have to face. Now let´s farming a bit
  2. epsxe

    Top 5 Most Favourite Ships - What's your list?

    -1: Huang-He -2: Furutaka -3: De Grasse -4: Yamato -5: Amagi
  3. epsxe

    Star Wars: A New Hope - Film Live in Concert

    How lucky, enjoy that experience. Here, in Spain we aren´t going to get it...
  4. I just read Production IMS just declared into bankruptcy. They produced the High School Fleet anime, which has a collab with WoWs. So, with this, what is going to happen to the collaboration? Still continue because the contract or it just going to finish right now? Will be have an opportunity to get HSF ships? What do you think? Source: http://goboiano.com/anime-studio-production-ims-has-gone-bankrupt/
  5. Simple, if you don´t like it, turn off the anime content in the options in the port. Stop to haunt people like me which like this kind of stuff. It´s really that hard? Is very simple not to watch this content. And if you don´t like it, don´t buy it. Again the closed western mind that thinks anime= pedo.
  6. I found some doujinshis series which have a bit of NSFW pages but I love it. It´s basically the Pacific War but with KC girls instead the real ships. Those doujins are named "Admiral Promise" and are pretty damn good even with the NSFW parts.
  7. epsxe

    Premium ships in the Tech Tree

    What happen if I try to buy a premium ship retired from the game client and shop using doubloons and Extended Tech Tree?
  8. I would like to get Richeliu instead of Graf, but well, this is RNG-kun. Now, I´m leveling up my 2 american CVs (Sara and Intrepid) for next event. I´m sure they will help me a lot. They are right now at 14 and 17.
  9. Those days I was trying to farm Iowa in E7 but no luck. My fuel and bauxite are low and there´s no much time left. At least, I got those drop ships: Jervis, Tashkent, Saratoga, Bismarck and Graf Zeppelin.
  10. No te preocupes, yo llevo jugando desde el 2016 y no he podido jugar ningún evento por falta de equipo y de chicas en buen nivel (pereza básicamente) pero estos meses me puse a levear y farmear a tope y he logrado terminar este domingo mi primer evento de KanColle, que además es el último evento de la Phase 1.
  11. Tienen todas las papeletas...
  12. epsxe

    2ª Reunión Foro NO oficial

    Uf, mañana imposible. Los lunes, miércoles y jueves tengo clase por la tarde y cuando vuelvo tengo pocas ganas de conectarme al TS.
  13. Atención: esta novela es producto de la imaginación del autor tras verse en un día Aoki Hagane no Arpeggio y jugar demasiado a Kantai Collection y World of Warships (aunque sea terriblemente manco en este último), además de haberlo soñado. Aquí hay mucha droga junta, entre bajo su total responsabilidad. El autor no se hace cargo de los daños mentales ocasionados en el lector. Capítulo 1: Un barco, una chica y la Marina Pearl Harbor, Océano Pacífico. Junio de 2017, 12:30 hora local. Pearl Harbor. Solo con mencionar ese nombre evoca recuerdos para los occidentales. En aquel lugar, la mañana del 7 de Diciembre de 1941, las fuerzas aéreas japonesas tomaron por sorpresa a la Flota del Pacífico y fue diezmada casi en su totalidad. Hay quienes hablan de que este ataque fue provocado por los propios americanos, para así tener una excusa con la que entrar en la Segunda Guerra Mundial. Los defensores de esta teoría argumentan que es muy curioso que, justo ese día, los tres portaaviones de la Flota del Pacífico no estaban presentes en la base. Pero hoy no estamos aquí para remover el pasado. Hoy, el protagonista de nuestra historia estaba allí visitando el USS Missouri ya que este era un fanático de los acorazados. Para él, un acorazado representaba la cúspide del poder naval de una nación. Por mucho que los portaaviones hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial, estaba seguro de que si estos no hubieran demostrado ser tan eficaces, los acorazados seguirían reinando hoy en día. De modo que Alec, pues así se llama nuestro protagonista, se encontraba en aquel momento admirando las turbinas del motor del Missouri, cuando de pronto su hermano pequeño interrumpió. —¿Nos queda mucho? Me duelen los pies y esto es un coñazo. —Sí, nos queda mucho. Y para algo que me interesa, te jodes. —¡Niño, no hables así a tu hermano! —replicó su madre, dándole en la cabeza. —¡Ay! ¡Mamá, no seas bruta, coño! —protestó Alec. —¡Esa boca! —otro golpe resonó de nuevo. —¡Ustedes, dejen de molestar a los demás turistas o les expulsaré del barco! —amenazó el guía turístico con su acento americano. Alec dirigió una mirada de mala leche a su madre y hermano. Lo que menos le apetecía en aquel momento era que le echaran del barco y que le metieran en Guantánamo. Suspiró y decidió ignorar al pesado de su hermano. Joder, ¿por qué narices habían insistido tanto en ir con él? Cago en la puta... De pronto, una voz femenina resonó en la cabeza de Alec, pero era tan débil que no pudo oír lo que decía. Suponía que serían imaginaciones suyas... O no. Por que a medida que iba subiendo cubiertas, la voz cada vez era más fuerte. Cuando llegó al puente de mando, esta vez la escuchó con total claridad, como si estuviera a su lado. “Te encontré”, dijo la voz femenina. —Mamá, ¿puedes dejar de hablar? —pidió Alec. —¿Qué dices niño? No he hablado en todo lo que llevamos de tour. —Pues claramente he escuchado una voz de mujer muy cerca mía. —Será de alguna de las turistas. Y creo que deberías dejar de ver tantos dibujos chinos en el ordenador. Alec notó como la rabia le invadió. Dibujos chinos... ¡DIBUJOS CHINOS! ¡ERA ANIME JODER! ¡Malditos viejos y su poca cultura! Que puñetera manía tenían todos los occidentales de creer que todos eran chinos. ¡El anime era como se llamaba a la animación japonesa para diferenciarla de los cartoons que era como se conocía a los dibujos americanos y que se notaba la diferencia de estilo! Luego recordó que no quería discutir y trató de calmarse. Ya pillaría a Niki en Skype cuando volviera a España y descargaría su ira. Pero... esa voz... Había sonado demasiado cerca. Era absurdo. Estaba en la vida real. Aquello no era ningún anime de los que él veía en el cual el protagonista poseía algún tipo de poder y empezaba a vivir aventuras. Siempre había soñado con vivir como un protagonista de anime, pero sabía que eso JAMÁS iba a ocurrir. Era algo que solo podía ocurrir en su imaginación. “Oh venga, no empieces a dudar, mi amado Almirante”, volvió a decir la voz. ¿Era cosa de Alec o había surgido del panel de mando del barco? Aprovechando que nadie miraba, se acercó con timidez y recelo. Sabía que de ninguna manera era posible que sucediera lo que solía ocurrir en estos casos. No era tan fácil ir, posar la mano sobre el panel y de repente despertar los poderes ocultos del barco o algo así. No podía haber estado más equivocado. Cuando sus dedos se posaron sobre el frio metal del panel, este comenzó a brillar de forma intensa y todos miraron a la procedencia del brillo. Alec, asustado, retrocedió protegiéndose los ojos poniendo sus manos abiertas en forma de X. Ahora estaba seguro de que iba a acabar en Guantánamo. En el momento que la luz dejó de brillar, todos los presentes pudieron observar a una mujer rubia de largo cabello rubio y ojos verdes que miraba sonriente hacia Alec. Llevaba un vestido blanco con algunos detalles rojos. En el interior del mismo, franjas rojas y blancas dibujaban la bandera de los Estados Unidos. Un corsé metálico realzaba sus ya generosos pechos y un lacito rojo iba atado al cuello de su vestido. Una falda azul marino muy corta junto a unas botas blancas y negras conformaban la vestimenta de aquella mujer. —¡Por fin! ¡Ya era hora de despertar! —dijo la mujer, muy animada mientras se desperezaba—. ¿Sabes lo que es estar esperándote durante 22 años? Estoy oxidada —estiró uno de sus brazos y al mismo tiempo, una de las torres de 40.6cm giró. —¿D-Despertar? ¿Cómo que has estado esperándome durante 22 años? —preguntó Alec, quien no entendía nada. —¡Pues sí! ¡Veintidós años ni más ni menos que llevo aguardando tu llegada, mi amado Almirante! ¡A partir de este momento, yo, Missouri, estoy a tu servicio! —flexionó las piernas y la proa del barco se hundió levemente. Los turistas gritaron asustados. —¿Cómo que Almirante? No entiendo nada... —Pues que eres mi Almirante para la guerra, claro —dijo ella como si fuera lo más normal del mundo mientras empezó a hacer abdominales en el suelo. El barco reaccionó inclinándose hacia popa. Nuevamente los turistas volvieron a gritar de puro miedo. —¿Qué guerra? —Pues... no lo sé, pero si me has despertado significa que hay guerra. Esperaba que tú me lo dijeras. Llevo notando como el mar está muy inquieto estos últimos años. ¿No has notado nada? —preguntó la chica supuestamente llamada “Missouri”. —¿Cómo voy a notar nada si vivo en una ciudad que no tiene salida al mar y además no soy científico? —Hombre, si me lo planteas así... —Missouri se giró y todos los cañones principales a su misma vez—. Oh por cierto, se me ha olvidado de decírtelo. Soy la personificación de este barco, así que puedo controlar todo lo que hay en este... salvo humanos, claro. —¿Cómo que eres la personificación? “Ni que te hubieras escapado de Kantai Collection” —pensó Alec mientras preguntaba. —Pues eso es lo que quiero decir. Soy la forma humana de este barco. Y ahora, en marcha —dijo muy animada. —¿En marcha a donde? —A hablar con el Presidente, claro. —¿C-C-C-Con el Presidenteeeeeee? ¿¡Estás loca!? ¡Nos bombardeará y nos convertirá en picadillo!— dijo Alec, muy asustado. —No me seas gallina, por favor —pidió Missouri—. Estoy segura que el Presidente no va a hacer nada a uno de sus barcos. —No sé como estás tan confiada. —Instinto de mujer... y de acorazado. Entonces, la chimenea del Missouri rugió y el barco comenzó a coger velocidad lentamente. Las ataduras que mantenían al acorazado anclado en el puerto de Pearl Harbor se rompieron como si fueran de mantequilla. No tardaron en salir los guardacostas. —¡Guardia Costera de Estados Unidos, paren ese barco y tendremos clemencia, terroristas! —dijo uno de ellos por un altavoz. —¡Lo siento, tenemos reunión con el Presidente! —dijo Missouri muy alegremente. Los barcos de los guardacostas trataron de disparar pero las balas rebotaron en el blindaje del barco. Cuando trataron de esquivar al acorazado, este se los llevó por delante. Por suerte, no murió nadie ya que los guardias costeros se habían salvado tirándose al agua antes de que la proa del Missouri triturara sus barcos como si fueran trozos de papel. —¡Que bien sienta un poco de destrucción! No hacía algo así desde que terminó la Operación Tormenta del Desierto... —Missouri parecía feliz. —Creo que Niki la mencionó alguna vez en alguna de sus novelas... —¿Quién es Niki? —Ah, es un amigo mío de mi país. No para de quejarse constantemente de que vive en Catetolandia. Pero es un buen amigo. —¿Donde está Catetolandia? —Es como el llama a Galicia. Es una comunidad autónoma al noroeste de mi país —vio que Missouri puso cara rara al escuchar las palabras “Comunidad Autónoma”—. Es como un Estado de Estados Unidos. —Ah, vale. Missouri pasó un buen rato tarareando una canción que Alec no supo reconocer... Si es que era de algún lado, claro. El español se sentía extraño. Aquella situación parecía uno de sus sueños o uno de los roles que hacía con Niki por Skype. Era tan absurdamente irreal que creía estar en un sueño. Era sencillamente imposible que aquello que estaba viendo fuese tan real. Simplemente, tenía que estar soñando. Sí, eso era. Todo lo que estaba pasando era uno de sus sueños. Solo tenía que cerrar los ojos y despertar en la cama del hotel... Cuando abrió los ojos, Alec seguía en el mismo lugar. A lo mejor era una prolongación de su sueño. Ahora sí que los cerraría y esta vez despertaría... Pero tampoco fue así. El chico se dio sendas palmadas en sus mofletes y comprobó que le dolía un poco. Aunque aquello tampoco significaba nada, ya que había sueños en los que podías sentir dolor. ¿Cómo podía comprobar que no estaba soñando...? —Missouri... —empezó a decir Alec de pronto. —¿Sí, mi amado Almirante? —respondió ella. —Ábrete de piernas para mí. El silencio reinó durante varios segundos que se hicieron eternos. Alec pudo sentir la mirada asesina de su madre. Missouri parecía dudar pero finalmente. —O-O-Oye, qu-qu-que sea tu nave, n-n-n-no significa que esté dispuesta a hacer eso y menos delante de tanta gente —dijo Missouri, muy roja y con la voz entre cortada. Alec suspiró aliviado. —Menos mal... —dijo, aunque por dentro podía sentir como si su madre le atravesara con un puñal—. Por cierto, ¿a dónde vamos exactamente? —A Washington, claro. ¿A dónde si no podemos ir a hablar con el Presidente? —Uh... No sé... ¿No podrías llamarle por radio? Supongo que tendrás una línea directa con Trump o algo... —Mucho me temo que mi equipo de radio no tiene conexión directa con la Casa Blanca... ¿Trump es el actual Presidente de los Estados Unidos? —Sí, lo es. Aunque los medios de comunicación intentan desacreditarle todo lo que pueden. Yo en particular disfruto con lo escocidos que están por que su “amada” Clinton no ha ganado las elecciones. —Ah, vaya. Lo último que supe de él era que había entrado en la bancarrota. Nadie dijo nada, pero hubo cierto mal estar general que se pudo percibir en el ambiente. El barco tardó unos cuatro días en llegar al canal de Panamá, y tras pasar por ahí, unos seis días necesitó para llegar a Washington pasando por el Washington Channel. —¡Vaya, nos ha recibido un comité de bienvenida! —Missouri parecía muy animada, pero en verdad el “comité de bienvenida consistía en un gran grupo de SWAT, SEAL y otros cuerpos militares que habían formado una enorme línea que iba desde el Thomas Jefferson Memorial hasta el United States Holocaust Memorial Museum. Además, aviones militares sobrevolaban por encima de ellos. Además, varios destructores (USS Rafael Peralta, USS Paul Ignatius, USS Zumwalt y el USS William P. Lawrence) estaban apuntándoles, listos para disparar en cualquier momento. Alec tenía la sensación de que todo iba a acabar horriblemente mal. —Estamos perdidos, perdidos, perdiditos... —dijo parafraseando a Ned Flanders. —Oh venga, ya verás como hablando solucionamos las cosas —Missouri parecía muy confiada. —¡Muy bien, terroristas! —dijo una voz arrogante por altavoz—. ¡Si se rinden ahora y dejan bajar a los rehenes, les perdonaremos la vida! —¡Solo queremos hablar con el Presidente Trump! ¡Tenemos que comunicarle información muy importante y es asunto de Seguridad Nacional! —respondió Missouri, usando el altavoz que le había quitado al guía turístico que a saber por que lo llevaba. —¡Libere a un rehén como muestra de buena voluntad y haremos todo lo humanamente posible para que puedan hablar con el señor presidente! —Es una trampa —dijo Alec a Missouri—. Es su modus operandi, quieren que liberemos a los “rehenes” para así poder hundirnos sin remordimientos y quedar como los buenos. —Tranquilo, imaginé que esto ocurriría —respondió Missouri—. He estudiado todos los escenarios posibles en estos días que hemos estado navegando. Sé como manejar la situación. —No sé yo... Pero para sorpresa de todos, incluido los soldados americanos, sucedió algo que nunca esperaron. Una figura de ancho cuerpo, cara de mala leche y pelo rubio, con traje elegante y un pin de la bandera de los Estados Unidos, apareció de forma súbdita y como solo él podía hacer: tachando de incompetentes a los soldados y tomando las riendas de la situación. Esa figura era el mismísimo Donald Trump. —Menuda panda de inútiles que sois... —tras pegarle un fuerte sopapo al soldado que tenía el altavoz y cogerlo—. ¡A ver, vosotros, los que estáis en MI barco! ¿Qué es ese asunto de Seguridad Nacional que decís que queréis hablar conmigo? —¿Ves? Te dije que lo tenía todo controlado. —Eso ha sido un golpe de suerte, Missouri —dijo Alec. Si Trump había salido en persona, significaba que las cosas solo podían ir a peor. —Bueno, tú déjame a mí —Missouri empezó a hablar por el altavoz—. ¡Hola señor presidente, al habla Missouri! Como le estaba diciendo a sus subordinados, tengo información que afecta a la Seguridad Nacional y quiero transmitírsela directamente a usted. —¡Ya, claro! ¡Y yo nací ayer! No soy idiota, “Missouri”. No tengo tiempo que perder, o viene aquí por su propio pie y me dice lo que me tenga que decir, y ya será cuando valore y si la creo o no, o me temo que se irá al fondo del mar. —Pero señor... tiene rehenes... —dijo uno de los soldados, gimoteando de miedo. —Me da igual. Yo no negocio con terroristas. —Pero algunos son ciudadanos americanos. —Que se jodan —cogió la radio y avisó a los capitanes de los destructores—. Prepárense para hundir el barco a mi señal. Nada más recibir la orden, los destructores apuntaron con sus armas al acorazado. Este, apuntó con sus cañones principales a los pequeños pero letales barcos. —Vamos a morir, vamos a morir... No debí haber venido... No debí haber venido... —Alec estaba acojonado. Iba a morir, y todo por haber tocado el puto panel de control del puto barco. Ojalá no lo hubiera hecho, que se hubiera comido otro el marrón. Argh, ¿por qué había sido tan curioso? ¡Malditas fantasías! —Pues supongo que tendremos que bajar... —miró a los turistas que estaban agrupados y contra una esquina—. Ustedes pueden hacer lo que quieran, pero si me lo hubieran pedido les habría dejado bajar en Pearl Harbor. ¿Es que son idiotas? —les reprochó. —¡Fuiste tú quien puso en marcha el barco sin siquiera preguntar! —recriminaron los turistas. —Eso no es excusa... Bueno, Almirante, es hora de hablar con el Presidente. ¡Yahooo! Siendo vigilados muy de cerca, Alec y Missouri bajaron del barco y se acercaron a la costa donde estaba el Presidente Trump esperándoles. El español estaba cada vez más y más asustado ya que sabía que en el preciso instante en que pisasen tierra firme, les caería un saco encima, serían reducidos y llevados a alguna prisión secreta perdida en Estados Unidos donde serían cruelmente interrogados y torturados. Pero los soldados se apartaron para dejar a Alec y Missouri frente al mismísimo Trump. En persona parecía algo más alto de lo que aparentaba en la televisión. —Un puto hispano tenía que ser... Menuda escoria, sois una plaga... —fue lo primero que dijo Trump cuando vio a Alec. —A mí tampoco me agradan los mexicanos, Presidente Trump —dijo Alec, con cierto nerviosismo en su voz. —Bueno, bueno, dejémonos de razas y pasemos a hablar de asuntos importantes, ¿sí? ¿Podemos pasar a su despacho, Presidente? —preguntó Missouri. —No —la respuesta que dio Trump fue con tono de “No admito réplica”. —Está bien, está bien... —¿Y bien? ¿Qué es ese... “asunto de Seguridad Nacional”? —Pues verá, señor presidente. Desde hace que me retiraron en el 92 del servicio activo, llevo notando el mar más agitado de lo normal. Y cuando el mar está agitado, es señal de problemas. Se avecina una guerra, presidente. Pero desconozco quien es el enemigo, que es lo quiere y cuando va a ser. Pero... si yo he despertado, eso significa que empezará pronto... —contestó Missouri. —¿Guerra? ¿Qué guerra? —Trump fulminó a Alec con la mirada. —No lo sé. El silencio reinó durante un par de minutos. Finalmente... —Vamos a ver si he entendido bien... ¿dices que va a haber una guerra pero no sabes ni quien es el enemigo o cuando comenzará? ¿Y qué mierdas es eso de que has despertado? —preguntó Trump, incrédulo. —Pues lo que quiero decir, señor. Cuando mi amado Almirante me tocó yo pude sentir como me llamaba y... —Missouri se abrazó a Alec, muy sonrojada y frotó sus pechos contra el chico. —¿¡Cómo que Almirante!? —Trump estaba espantado—. ¡Ni siquiera parece militar! —Es que no soy militar, solo soy un estudiante que se está preparando oposiciones para la función pública de su país... —Alec creyó que era oportuno decir eso. —¡¡Peor me lo pones!! ¿En serio pretendes que un inculto militarmente sea un Almirante? —En realidad no soy tan inculto, tengo experiencia jugando al World of Warships... —Oye, ¿sabes que no estás haciendo otra cosa que quedar peor cada vez que abres esa boca? —le dijo Trump. —Ya sé que soy una mierda —Alec se echó a llorar en el hombro de Missouri. —Menudo estúpido... ¿de verdad no tenías a nadie mejor? No sé... Hasta incluso un japo friki de esos que se encierran en su habitación —preguntó Trump a Missouri, viendo como Alec se autohumillaba. —Él es el mejor Almirante que podría tener, señor —dijo Missouri, muy convencida. —Lo dudo mucho... —Puedo asegurárselo, señor. Mi amado Alec es de las pocas personas que nos ama a nosotros, los acorazados, a pesar de nuestros defectos. Sabemos que somos muy lentos, pocos maniobrables, que nuestros cañones tardan mucho en girar, consumimos muchos recursos y somos una diana móvil. Pero... Aún así, él nos ama. Da igual que país sea, mi amado Almirante ama todos los acorazados. De no haberme amado, no podría haberme despertado. —Mmm... Eso tiene sentido, pero... no me termina de convencer. Pero todavía sigo sin comprender eso del “despertar”. —Oh, cierto. Verá, yo... yo soy la personificación del alma del Missouri. Puede llamarme Missouri —dijo ella con tono alegre. —Muy bien... “Missouri”. Bien. Voy a hacerte una serie de preguntas, y si de verdad eres la personificación de nuestro barco, sabrás responderlas correctamente. —Okey. —Esta es fácil. ¿Cuándo entraste en la guerra y a cuantos barcos japoneses hundiste? —Entré en el servicio activo en 1944, señor. Por desgracia, no pude hundir a ninguno de esos japos. Mi participación en la guerra se limitó a bombardear Honshu. Y aunque no combatí, el 2 de Septiembre de 1945, en la cubierta de babor, el general Douglas McArthur firmó el acta de rendición de los japoneses y se hizo una placa conmemorativa. Momentos antes, mi hermana Iowa transfirió personal hacia mi. —Efectivamente... Supongo entonces que en la Guerra de Corea, hundiste al buque soviético Kuznetsov en el Pacífico cuando te enfrentaste a este, ¿verdad? —Lo siento, pero no me enfrenté a ningún buque con ese nombre. —Vale, y ahora la última pregunta... —Trump sonrió maliciosamente—. Supongo que sabrás donde está tu base, ¿no? —Por supuesto, está en Bremerton, en la Costa Oeste, frente a Seattle. El silencio volvió a reinar. Alec sintió que podía cortar la tensión en el ambiente con un cuchillo. El joven estaba seguro de que iba a ser detenido. En las noticias hablarían de él como un “terrorista que intentó asesinar al Presidente de los Estados Unidos”. Solo un jodido milagro podría salvarle. Si estuviera en un anime, seguro que un aliado que desconocía que tenía aparecería en el último momento y le rescataría, pasando a ser un prófugo de la justicia y viviendo como un soldado de fortuna... Ah, espera, eso era de una serie ochentera. —Muy bien. Muy bien. ¡Retiraros! —ordenó Trump para sorpresa de todos. —Sí, señor. El equipo de seguridad comenzó a replegarse y retirarse. Los destructores que hasta hace segundos apuntaban al Missouri, comenzaron a retirarse. Alec suspiró de alivio. —Seguidme. Alec y Missouri obedecieron. Entraron en la Casa Blanca y cuando tomaron el camino de la famosa “Ala Oeste”, Alec comprendió de inmediato que se dirigían al Despacho Oval. La cuestión era... ¿por qué ahora si Trump había negado la petición de Missouri hace un rato? —¿Qué estáis haciendo? Sentaros —pidió Trump cuando llegaron al despacho y vio como los dos se quedaban de pie. —¿Puedo preguntarle por qué...? —empezó a preguntar Alec, pero Trump le cortó. —Tenía que asegurarme de que no erais terroristas. Desde que soy el Presidente de los Estados Unidos, raro es la semana en la que no intentan atentar contra mi. —Antes prefiero atentar contra los políticos de mi país... —¿De dónde es? —preguntó Trump, curioso. —De España, señor presidente. —Ah, sí. Tuve un cocinero de ahí que dimitió y luego tuvo los santos cojones de reclamar su despido. ¿Todos los españoles sois tan estúpidos? —No todos, aunque para tratar de sacar toda la pasta que podemos sí que somos listos... O al menos eso parece... —Ya he visto. No hay más que ver los casos de corrupción de su país. Bien. Entonces usted dice que es el Almirante del Missouri, señor... —Alec, señor. —Señor Alec. Supongo que no hará falta explicarle que, comandar un barco no es nada fácil. Para algo existen las academias navales. —Lo sé, señor, pero Missouri dice que ella puede controlar el barco, así que eso estaría solucionado. —Pero si Missouri queda... indispuesta... deberá saber como manejarlo, ¿o no ha pensado en eso? —Pues... la verdad es que no. No se me había ocurrido eso. —¡Para que yo quede indispuesta tendría que ser algo lo suficientemente poderoso para dejarme así! —dijo Missouri muy convencida de sí misma. —En cualquier caso... Le “invito” a que entre a nuestra Academia Naval para aprender los caminos de la Marina. Una vez acabe, recibirá su rango y sueldo como uno más de nuestra Armada. —¿No tengo elección? —Si quiere comandar el Missouri... No. Alec miró a Missouri. Esta asintió, como invitándole a aceptar. Sin embargo, tenía otra preocupación. —Estoy preparándome oposiciones para el gobierno de mi comunidad autónoma... —Nos encargaremos de que tenga una plaza en... —La Consejería de Hacienda. Cupo de discapacitados intelectuales. —¿Es usted discapacitado intelectual? —preguntó Trump, sorprendido. —Sí, tengo reconocida una discapacidad del 33%. —Pues no lo aparenta. Entonces este es el trato: usted acepta entrar en nuestra Academia Naval, hace un curso completo de un año y será nombrado Capitán. Estará bajo mis órdenes directas. A cambio, usted tendrá su ansiada plaza garantizada. Creo que todos ganamos, señor Alec... —Vamos, Alec. Puedes hacerlo. —Missouri, yo odio conseguir cosas usando métodos sucios. —Pero tú crees que te mereces esa plaza. —Bueno, no voy a negarlo. La verdad es que la vida no me ha regalado nada, he tenido que currármelo todo. —¿Qué más entonces? Si sabes que la vas a conseguir, ¿qué mejor modo de hacerlo que haciendo un gran servicio a toda la humanidad? Creo que eso vale más que estudiar un montón de aburridas leyes. —¿Tenemos una respuesta, señor Alec? —preguntó Trump, de nuevo. —Sí, señor presidente. Lo haré. —Bien, me encargaré del papeleo. Vuelva mañana a primera hora de la mañana. Le daré su nuevo pasaporte. Eso le ahorrará muchos problemas. —Sí, señor presidente —Alec procedió a levantarse y cuando estaba a punto de salir del despacho... —Alec —dijo Trump. —¿Sí, señor? —No me decepcione. —No, señor. Por supuesto, señor. Alec salió del despacho, acompañado de Missouri. Esta vez estaba nervioso por lo que el futuro le estaba deparando. Nunca, jamás de los jamases, habría imaginado que acabaría en la Academia Naval de los Estados Unidos, país que tanto había criticado y echado mierda. Parecía que al destino le gustaba tener cierta ironía. Missouri pareció percatarse de que a Alec le preocupaba algo. —¿Te ocurre algo, mi amado Alec? —preguntó ella mientras caminaban por los pasillos de la Casa Blanca. —Bueno, no puedo evitar sorprenderme de que acabe asistiendo a la Academia Naval de un país el cual he criticado toda mi vida y cuya Armada no podía ni ver. —Es normal. A los grandes siempre se nos tiene envidia —dijo Missouri, muy tranquila para sorpresa de Alec. —Me sorprende que te lo tomes tan bien. Pensaba que me dirías “¡Ah, entonces eres COMUNISTA y DEBES SER ERRADICADO, ENEMIGO DE LA DEMOCRACIA!”. —Tienes un muy mal concepto de nosotros, ¿no? —Hombre, es que vuestras acciones no os dejan bien precisamente... Especialmente si hablamos de lanzar bombas nucleares contra población civil. —Población civil que el enemigo estaba dispuesto a usar como soldados. Y era la única manera de que los japoneses se rindieran y pusieran fin a la batalla. —¡Y una mierda, los japoneses estaban ya por rendirse! ¡No había necesidad! —¿Cómo me puedes asegurarlo? —Pues... —ahí Missouri llevaba razón. ¿Cómo podía él asegurar eso? ¿Solo por que quería llevar la contraria a los americanos? Sabía de sobras que su amado Japón no era un país de rosas precisamente. Habían hecho muchas cosas horribles, pero... ¿qué país en guerra no las hacía? Era hipócrita calificar a unos como los buenos y otros como los malos. —¿Ves? Tu silencio me lo dice todo. Alec, sé que nosotros no somos unos santos precisamente. Hemos hecho muchas cosas horribles, lo reconozco. Sé perfectamente que lanzar una bomba atómica sobre gente indefensa está mal. ¿Pero crees que a mí, a ti o a cualquier otra persona nos hubieran hecho caso? No voy a decir que está justificado, pero dime... ¿de verdad los japoneses estaban dispuestos a rendirse sin más? —Ellos habrían luchado hasta el último hombre en pie... —reconoció Alec de mala gana. —Como te digo, no voy a justificarlo de ningún modo, pero piensa en las bombas como una opción, cruel, de salvar la vida de cientos de millones. Y ahora vamos, nos espera un duro año en la Academia. —¿Nos espera? —Claro, ¿crees acaso que voy a dejarte solo? No, yo me voy contigo, y el presidente tendrá que aceptarlo. Además, necesitarás de alguien que te cuide y ame. —Eso es cierto, soy un poco desastre para según que cosas. —Pues lo dicho. A estudiar duro. Pasó un año desde entonces. Alec aprendió sorprendentemente rápido. Sus instructores se quedaron sorprendidos con él y dudaban si realmente tenía la discapacidad que decía tener. En la academia, Alec hizo algunos amigos a los que pensaba coger como tripulación para el Missouri. Ella le había dicho que aunque podía encargarse de manejar el barco, eso le consumía mucha energía y que cuanta más ayuda tuviera mejor, así solo se encargaría de los cañones principales. Además, tenía que ir en busca de Niki, estaba seguro de que su amigo le echaba de menos, y le prometió sacarlo algún día de Catetolandia. Y aparte, llevaba un año sin poder hablar con él. Seguro que se estaba preguntando si había terminado en Guantánamo. El día de su graduación, Alec llevaba su uniforme de capitán de la Armada de los Estados Unidos. La bandera americana ondeaba en uno de los mástiles del Missouri bajo un sol radiante. Los marineros decían que si iniciabas una aventura en un día despejado y soleado, tendrías una buena fortuna en tu travesía. —... capitán del Missouri: Jiménez, Alec —anunció Trump con una medalla en sus manos. El mencionado dio un paso decido al frente. —Presente. —Buena suerte, capitán Alec —Trump le colocó la medalla por la graduación. —Gracias, señor. No le decepcionaré, señor. —No lo has hecho, hijo. No lo has hecho. Con esas palabras. Alec sintió una inmensa alegría. Se sentía feliz por haber complacido a alguien que había puesto sus esperanzas en él. Ahora, tenía que averiguar quien era el enemigo del que Missouri hablaba. Habría sido más duro hacerlo él solo. Pero ahora tenía amigos dispuestos a ir con él, y otros amigos en España. Su primera parada sería en Galicia. Tenía gente a la que invitar... ------------------ Pues aquí tenéis el primer capítulo. Quien quiera salir en la tripulación del Missouri, que me mande un MP con un nombre y una descripción física. Estoy escribiendo el capítulo 2 y aún no han llegado a la base naval de Galicia por lo que estáis a tiempo de entrar.
  14. Como dice @FrankvC_Jr cuando se cree el nuevo foro, pasaré todo lo que he escrito ahí, y seguiré posteando la novela ahí. Lo que ocurre es que pierdo la inspiración para escribir esta novela y me viene inspiración para otras que estoy escribiendo a la vez. O directamente estoy tan enganchado a KanColle que me olvido
  15. epsxe

    Moderación foro NO oficial

    Yo también confirmo mi candidatura a la moderación
  16. epsxe

    Juegos Gratis

    En el cliente de Steam me aparece con el precio, ¿la oferta era solo por tiempo limitado?
  17. epsxe

    La Bola de Cristal se despide

    Por una +18, ya verás como te animas, a ser posible con Hitomi Tanaka =)
  18. epsxe

    ¿A que juego te vas a dedicar cuando chapen esto?

    ¿Que hay Risk para Android? Es un juego que siempre quise jugar.
  19. Tomorrow I´ll start with E5, yesterday and today I want resuplies my resources and I´m doing the event in Easy/Casual because I´m not confident to do in Medium/Hard. Best drops as far I have are Jervis (one I wanted) and Akitsu-Maru. I want to get Iowa (I love her, even she´s an estereotype and have bad english), Saratoga (I know I can get her in LSC but I don´t have Kamoi and I cannot waste my resources just for 1 ship to construct other ship), Richeliu, Ark Royal, Warspite and Bismarck (I tried to get her in LSC but she´s to shy. Maybe if I show her Hood-senpai maybe come out...)
  20. epsxe

    ¿A que juego te vas a dedicar cuando chapen esto?

    Tengo el Hearts of Iron 4, el Victoria 2, tengo Los Caballeros de la Antigua República pendientes por pasarme, Jedi Knight: Dark Forces II, Final Fantasy XV, el Silent Hunter 4, Kantai Collection... Vamos, no me voy a quedar aburrido.
  21. epsxe

    La Bola de Cristal se despide

    No hace falta hacer 4 barcos. ¿Has visto los coches tuneados de los japos que llevan personajes de anime/videojuegos? Pues algo así. Como una skin en la cubierta o en el casco del barco.
  22. epsxe

    La Bola de Cristal se despide

    A mí me molaría ver el mío, con las hermanitas Kongou de KanColle a ser posible =)
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